martes, 4 de abril de 2017

El camino espiritual de Braulio Rafael León Villegas





Milton Iván Peralta
El Volcán/Guzmán

El pasado 27 de marzo el obispo Braulio Rafael León Villegas cumplió años de obispo, el 29 de marzo cumplió 74 años de edad, el pasado 10 de febrero cumplió 17 años de haber llegado a Ciudad Guzmán; por estas razones le hicimos una entrevista, y desde primera persona nos narra brevemente su caminar espiritual desde su infancia, hasta este momento, son chispas de momentos que nos regaló para nuestros lectores.

SU FORMACIÓN ESPIRITUAL Y ACADEMÍCA



Nací un 26 de marzo de 1943, día de san Braulio, debo decirles que mi nombre de pequeño ha sido Braulio Rafael, pero siempre fui conocido como Rafael, porque así se llamaba mi padre, aunque fui registrado con el nombre de Braulio, pero a los días fui bautizado con el nombre de Braulio Rafael, así que siempre me dijeron Rafael chico, así que todos mis documentos, firmas siempre fue Rafael, ahora que me hicieron obispo me pidieron mi acta de bautismo, y ya vi que mi nombre era Braulio Rafael, y desde hace 27 años me llamo por mi nombre completo.
 
Mis padres duraron 15 años sin tener niños, le pedían al señor tener un niño, mi mamá le pedía al señor, finalmente se les concedió, que fui yo, después mi mamá que ya no era una jovencita, porque ellos se casaron en tiempos de la cristiada, en 1928. Después de que tuvieron una niña, pero cuatro años después falleció mi mamá. Mi papá ocupaba quien ocupara de los niñitos, así que se volvió a casar, tuvo nueve hijos, con su nueva esposa que era muy joven, todos ellos son mis hermanos, eso fue en León Guanajuato. 

Yo quería ser médico, me gustaba ayudar a la gente, pero a la maestra del colegio que estudie, “Juana de Arco”, colegio católico, no religioso, pero de unas señoritas, muy lindas, llenas de deseos de educar a la juventud, la directora del colegio Victoria Barbosa, le llegó la idea de que otro compañero mío y yo teníamos vocación, un día que fue uno de los promotores de vocaciones, me puse en contacto con él en el colegio, ya en sexto debía tomar la decisión de si me iba o no al seminario, él fue a hablar con mi papá, para pedirle si me dejaba estudiar en el seminario, yo comenzaba a deslumbrar a penas las persecuciones de este mundo, y el futuro para un chico de 12 años es muy lejano, medio nebuloso, aunque uno tiene ciertas orientaciones.

Ya como a los 12 años me fui al seminario, comencé estudios de secundaria, filosofía y teología, en el seminario de León. En era un seminario de internado, uno vivía ahí, fortaleciéndose y aprendiendo en la espiritualidad, en la cuestión intelectual, poquito en la pastoral, pero principalmente la formación huma e intelectual, sin olvidar la espiritual. Terminé mi formación prácticamente hasta los 29 años. 

Al salir del seminario, me fui a Roma, tenía 22 años, al Colegio Mexicano, que este año cumple 50 aniversario de su fundación, es una especie de girón de la patria, para que se vayan a estudiar allá los sacerdotes. Llegué en 1967, se inauguró el colegio un 12 de octubre, ahora se cumplirán las bodas de oro, de ese Colegio, que es un tirón de la patria. 

El salto de León a Roma fue difícil, pero no me fui solo, llegamos a un ambiente que era propiamente mexicano, nos formaban un poco más con la cultura propiamente de México, siento yo que el ambiente era fraternal, mis mejores años de mi vida, en cuestión de relación personal, de aprendizaje de la vida, digamos el apoyo de parte de las instituciones, la buena relación con nuestros formadores, creo que fue en esa época. Éramos jóvenes, había buen ambiente, había grupos de vida, donde nos ayudábamos mutuamente, íbamos a la universidad, vivíamos en el colegio. Tuvimos una inserción en la vida y la cultura italiana, y todo eso fue muy positivo, los italianos son artistas, cada rincón de Roma es una oportunidad de admirar, la belleza, la arquitectura, el arte, fue una buena oportunidad, nunca sentí una nostalgia enorme, pero sí quería venir porque fueron 5 años, me ordené en 1970, en Roma, en las bodas de oro, ahora beato, Pablo sexto, con 267 diáconos que nos ordenamos en la plaza de san Pedro. 

Duré otros dos años de sacerdote en Roma, estudié teología y derecho canónigo, regresé como profesor y estudiante del seminario. 

EL REGRESO A CASA

Tras cinco años en Roma, volví al hogar, a León Guanajuato, sentí la diferencia de aquel primer mundo, aunque Italia en aquel momento no era el país más desarrollado, pero evidente mente el ambiente era más universal, que cuando llegamos a nuestro terruño, más limitado, más pequeño, pero ahí viví de 1962 hasta 1990, ejerciendo el ministerio, en el seminario, en una colonia, en contacto con la gente, en esa época era más marginal, ahora quedó en el centro. Ahí edificamos la iglesia del Señor de la Resurrección, ahí crecí con la colonia. Fui capellán, y ni siquiera tuve el nombramiento oficial, mi nombramiento era director del seminario un tiempo, después maestro, luego secretario de la diócesis, y provocaría general y a la vez ejerciendo la pastoral, pero ahí yo vivía, estaba.  

En 1990 me dijeron que me fuera de obispo a Baja California. Duré 18 años en León. 

Me mandó llamar el nuncio apostólico italiano, Girolamo Prillione. Me mandó llamar me dijo: mire, el Papa quiere que usted sea obispo, de la Paz Baja California, al Papa lo había pensado mucho, y estaba asesorado, me dijo: si usted no tiene una razón sería, grave, de peso para decir que no, el Papa le dice que acepte.  Para eso me ordené, para eso soy sacerdote, para ir a donde se me pida que vaya, y dije que sí, aunque yo ya había hecho mi luto, porque había el rumor, esas noticias que se cuelan, estaba bacante la Paz, ya había hecho yo mi luto, porque siempre uno debe aprender a separarse de las personas con las que ha vivido, duré 18 años en la colonia.   

OBISPO 

Un 29 de marzo de 1990, llegué a la Paz, con la nominación episcopal, hace 27 años, duré diez años de obispo. Mi llegada fue muy linda, ya tenía la diócesis vacante como seis meses, así que la gente quería ya tener y conocer a su nuevo obispo. Allá la cultura es diferente a la cultura del centro del país, aquí son más manifestativos de su religiosidad, muchas fiestas, las flores, allá en el norte existe, pero menos, allá son creyentes, son manifestativos, pero no son tan expresivos como aquí.

Cuando llegué de obispo, lo primero que hice fue andar en la calle saludando a toda la gente, reacción que les extrañó, pero les agradó, porque se les hacía algo que no es tan común, ver entre ellos al obispo. 

Aquí son nueve mil kilómetros cuadrados, allá eran 63 mil, aquí en cualquier lugar en dos horas estoy ahí, allá uno tenía que caminar doce horas, de hecho cuando me vine para acá -Ciudad Guzmán-, me dijeron cuatro meses antes, era allá como septiembre de 1999, me dijo: “infórmese dónde esta Ciudad Guzmán, capte cómo es la cultura”, nunca me dijo si aceptaba o no aceptaba, pero me mando para acá, y me pidió que me informe. Me dijo que iba tener dos ventajas que en Baja California no tenía “más cerca de mi tierra y no tener que recorrer tantos kilómetros”, no me dijo que el clima era maravilloso, que iba tener estas cierras esplendidas, de Tapalpa, Mazamitla, la sierra del Tigre, y que la cultura de aquí es una cultura en la que uno se siente muy arropado, porque la gente es muy cercano a la piedad, a la peregrinación, la fiesta patronal, las imágenes tan queridas, todas ellas.  

Investigué en internet sobre esta ciudad, pero no hubo mucha información, pero ya sabía donde estaba, porque vine a los 25 años de obispo de don Serafín, de ello aquí me hospedé, -en la casa del obispo, donde se realizó esta entrevista- de hecho era muy amable y me invitó a mí. Algo pues conocía. 

He de decir que me costó menos trabajo dejar Baca California que León, porque prácticamente pasé toda mi vida ahí, pero antes de irme la gente me mostró mucho cariño, es muy bondadosa, los norteños no son tan abiertos a las primeras de cambios, porque esperan que uno se abra a ellos. 

CIUDAD GUZMÁN

Llegué hace 17 años, en torno al jubileo del año 2000, del tercer milenio. Ciudad Guzmán llegó al nuevo milenio como nueva gente, nueva espiritualidad y nuevo obispo. Hay una nueva evangelización, nueva en sus métodos, nueva en su expresión, porque como el hombre es nuevo y diferente, quién va negar que el hombre del nuevo milenio son diferentes en su cultura y en su forma de ser, en su estilo de vida. Se trata de estar evangelizando esta gente con nuevos métodos, nueva inspiración, nuevos derroteros, porque la gente es nueva. 

Aquí en Ciudad Guzmán se estableció un camino más cercano a la gente, de mucho tener en cuenta las dificultades, de no encerrarse únicamente en las cuatro paredes de la sacristía, de salir a promover las dimensiones sociales, y no únicamente fueron los sacerdotes los que trabajaran, sino al compromiso de todos, la iglesia no es el sacerdote o el párroco, la iglesia somos todos. 

Cuando llegué a catedral, el día de mi recibimiento, me entregaron una sonaja, yo no sabía de sonajas, la agarré al revés, me dice el señor cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval, quien me dijo cómo se agarraba la sonaja. Todo fue nuevo, los enrosos, aprender las manifestaciones de la religiosidad popular, más indígena de esta tierra. Me fui adaptando a la esta cultura.

A los 75 años uno debe entregar la renuncia, me falta un tris, estoy obligado moralmente a renunciar a mi ministerio, uno debe aceptar lo que le pidan, si la renuncia o pasar a otro ministerio. Si hay necesidad en el momento que el santo padre, me diga, que va mandar otro, o me deja aquí, siento que hay que tener la paciencia y la tranquilidad, pero siempre los cambios son buenos. 

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